Una de las cosas que no puedo decir que haya decidido formalmente pero a la que sí parece que estoy prestando atención es a recuperar algo mi soberanía digital. Es decir, a volver a prestarle atención a mi(s) blog(s). Y también a leer blogs de otras personas. Hay mucha gente escribiendo cosas chulas que hasta ahora se perdían en Twitter, en newsletters o en otras redes sociales y que ahora estoy volviendo a seguir por RSS.
Sucesivas debacles han hecho que muchas personas hayamos pensado en volver a tomar las riendas de nuestro contenido y crear (o recuperar) nuestros propios sitios Web. Fediverso aparte, la Web convencional está pensada para ser más o menos distribuida y quizá nunca deberíamos habernos alejado mucho de ahí. La comunidad IndieWeb me resulta extremadamente interesante, dicho sea de paso.
Pero a lo que voy, y a lo que quería llegar con esta nota breve, es que sé que mucha gente no se atreve, bien porque le da pereza, bien porque cree que no tiene nada útil o digno que escribir en una bitácora. Y mi respuesta aquí se alinea con este post de Matt Mullenweg: a escribir se aprende escribiendo. Si quieres en un blog, monta un blog. Si quieres, usa un cuaderno. Da igual. Pero escribe. Es un poco la misma idea que mencionan en Cafélog, no el podcast (D.E.P.), sino otro blog que se llama así.
No hace falta que todo sean ensayos sesudos ni artículos de 500 palabras. Mira otros blogs y verás cómo muchos publican citas y notas cortas, o cosas que han visto por la Web. De los grandes y míticos, de los que llevan años, puedes mirar Microsiervos o Daring Fireball. Yo mismo tengo una bitácora de desarrollo donde pongo notas cortas y enlaces, sobre todo para tenerlos yo a mano en un futuro. Y dentro de poco pondré una página aquí con los blogs que estoy descubriendo y que me están encantando.
Lee. Escribe. Comparte. Da igual. Todo está bien.